<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?><rss version="2.0"
	xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/"
	xmlns:wfw="http://wellformedweb.org/CommentAPI/"
	xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"
	xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"
	xmlns:sy="http://purl.org/rss/1.0/modules/syndication/"
	xmlns:slash="http://purl.org/rss/1.0/modules/slash/"
	>

<channel>
	<title>Mis artículos archivos - Eliana Cevallos</title>
	<atom:link href="https://cursos.elianacevallos.com/category/mis-articulos/feed/" rel="self" type="application/rss+xml" />
	<link>https://cursos.elianacevallos.com/category/mis-articulos/</link>
	<description>Psicoterapeuta, formadora, escritora</description>
	<lastBuildDate>Tue, 16 Sep 2025 16:33:16 +0000</lastBuildDate>
	<language>es</language>
	<sy:updatePeriod>
	hourly	</sy:updatePeriod>
	<sy:updateFrequency>
	1	</sy:updateFrequency>
	<generator>https://wordpress.org/?v=6.9.4</generator>

<image>
	<url>https://cursos.elianacevallos.com/wp-content/uploads/2024/08/cropped-isoFav-32x32.png</url>
	<title>Mis artículos archivos - Eliana Cevallos</title>
	<link>https://cursos.elianacevallos.com/category/mis-articulos/</link>
	<width>32</width>
	<height>32</height>
</image> 
	<item>
		<title>Una Nueva Cultura</title>
		<link>https://cursos.elianacevallos.com/una-nueva-cultura/</link>
					<comments>https://cursos.elianacevallos.com/una-nueva-cultura/#respond</comments>
		
		<dc:creator><![CDATA[IntervaloAdmin]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 16 Sep 2025 16:31:46 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Mis artículos]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://cursos.elianacevallos.com/?p=3662</guid>

					<description><![CDATA[<p>La vida es el arte del encuentro, aunque haya tanto desencuentro por la vida”</p>
<p>La entrada <a href="https://cursos.elianacevallos.com/una-nueva-cultura/">Una Nueva Cultura</a> se publicó primero en <a href="https://cursos.elianacevallos.com">Eliana Cevallos</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[		<div data-elementor-type="wp-post" data-elementor-id="3662" class="elementor elementor-3662" data-elementor-post-type="post">
				<div data-particle_enable="false" data-particle-mobile-disabled="false" class="elementor-element elementor-element-d4e0d4b e-con-full e-flex e-con e-parent" data-id="d4e0d4b" data-element_type="container">
				<div class="elementor-element elementor-element-6f57555 elementor-hidden-desktop elementor-hidden-tablet elementor-hidden-mobile elementor-widget elementor-widget-text-editor" data-id="6f57555" data-element_type="widget" data-widget_type="text-editor.default">
				<div class="elementor-widget-container">
									<p>Publicado revista MCLE Zürich</p>								</div>
				</div>
				<div class="elementor-element elementor-element-5669a2a elementor-widget elementor-widget-text-editor" data-id="5669a2a" data-element_type="widget" data-widget_type="text-editor.default">
				<div class="elementor-widget-container">
									<p>“La vida es el arte del encuentro, aunque haya tanto desencuentro por la vida”, reza una canción de Vinicius de Moraes. Y el Papa Francisco retoma esta frase para recordarnos en la encíclica Fratelli Tutti que no basta con soportar al otro ni con tolerarlo a regañadientes, sino que necesitamos recuperar la cultura del encuentro.</p><p>Hay que decir que una cultura no es solo ideas y principios que organizan un estilo de vida, sino también son convicciones, entusiasmos, gestos cotidianos que van creando y desplegando modos de vivir. Por ejemplo, hay culturas marcadas por la competencia, el egoísmo y la indiferencia; así como hay culturas cálidas, inclusivas, cooperativas, etc.</p><p>Generalmente todos podemos percibir estas diferencias mediante la lectura de códigos de conducta y signos paraverbales como: gestos, expresiones faciales, posturas, tono de voz, miradas, silencios, movimientos de manos, distancias, proximidad, expresividad emocional, etc.</p><p>Además de estas manifestaciones, también podemos sentir la atmósfera emocional que rodea y envuelve esa cultura. Cuando escuchamos a alguien decir “he sentido mucha paz en ese lugar y con esas personas” o “me ha resultado pesado y me he sentido tenso con las personas de allí” lo que esa persona está expresando es ese sentimiento sobre la atmósfera emocional que cubre a un grupo y a un lugar.</p><p>La cultura de un lugar se siente, se percibe y, lamentablemente a veces también se contagia. Por eso, resulta imprescindible reflexionar sobre este tema.</p><p>Para ello, podemos empezar observando nuestra propia actitud. Por ejemplo, revisemos nuestros gestos, nuestra manera de acercarnos a alguien, etc. porque para ser consistentes con nuestra fe, la única cultura que podríamos propagar sería la del encuentro. Es decir, la disposición siempre abierta a todos por igual, sin ningún tipo de discriminación y menos aún de descarte.</p><p>¿Cómo podemos hacerlo?</p><p>Hay algunos gestos que inspiran y facilitan el encuentro como: Mantener contacto visual suave (sin invadir, sin esquivar), sostener una mirada atenta que expresa “te veo”, “me importas”; sonreír auténticamente; mantener una postura orientada hacia la otra persona; hablar con un tono de voz y ritmo cálidos; incluir pausas que inviten al otro a expresarse y saber callar mientras el otro habla.</p><p>Pero, ante todo, se requiere de una presencia y disposición auténtica ante el otro. El encuentro humano no se agota en lo que decimos o cómo lo decimos, sino también en cómo nos disponemos con el alma ante el otro.</p><p>Esa disposición es esencial. Expresa que estamos abiertos y que consideramos a todos como un interlocutor válido. Nadie sobra, nadie es inútil, nadie es prescindible, nadie es indigno de ser mirado, captado, comprendido y, por tanto, sujeto de un encuentro.</p><p>Incluso el que está en la periferia; aquel al que no solemos escuchar o que simplemente nos cae mal.</p><p>Únicamente desde esta perspectiva se puede hablar de fraternidad y de paz social.</p><p>La paz social evidentemente jamás se logrará con una cultura del desprecio o del descarte. La cultura que violenta la dignidad de las personas es una cultura que propaga violencia porque hiere profundamente al ser humano.</p><p>Cuando alguien nos desprecia o nos enseña una gestualidad de desvalorización &#8211; esa ceja que se arquea con burla, esa mirada que esquiva o se clava con dureza, ese gesto de desdén que parece decir “no vales”- lo que ocurre no es un simple roce superficial: se hiere la raíz misma de la dignidad.</p><p>La trama humana de la violencia inicia en esa herida.</p><p>Esa violencia y esa herida tienen un efecto devastador: activan en lo profundo del ser humano, la duda sobre su propia dignidad y puede propiciar que una persona se desprecie a sí misma. Si lo hace, entonces tampoco podrá apreciar a otras personas. Y de allí, surgirá una cadena de desencuentros, de actos violentos y de revanchas sociales.</p><p>El desafío es grande, porque todos llevamos dentro la tentación de despreciar lo que no entendemos o no nos gusta, pero sin ese esfuerzo, la paz jamás será posible.</p><p>No olvidemos las palabras de Jesús: “Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios” (Mt 5,9). Si las tomamos en serio, también debemos tomarnos en serio convertirnos en constructores de una cultura del encuentro.</p><p>Reflexionemos si estamos dispuestos a trascender el desagrado y ceder, abrir espacios sin prejuicios y reconocer en cada uno de los seres humanos a un hermano.</p><p>Aquí se juega lo más difícil de nuestra fe.</p><p>Al respecto, Jesús nos dejó un criterio claro: “Lo que hagan a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí me lo hacen” (Mt 25,40).</p><p>Vivir la fe sin duda no es fácil, pero se supone que, si estamos comprometidos con ello, debería ser nuestra única opción.</p>								</div>
				</div>
				</div>
				</div>
		<p>La entrada <a href="https://cursos.elianacevallos.com/una-nueva-cultura/">Una Nueva Cultura</a> se publicó primero en <a href="https://cursos.elianacevallos.com">Eliana Cevallos</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
					<wfw:commentRss>https://cursos.elianacevallos.com/una-nueva-cultura/feed/</wfw:commentRss>
			<slash:comments>0</slash:comments>
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Construir en Común</title>
		<link>https://cursos.elianacevallos.com/construir-en-comun/</link>
					<comments>https://cursos.elianacevallos.com/construir-en-comun/#respond</comments>
		
		<dc:creator><![CDATA[IntervaloAdmin]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 08 May 2025 14:33:35 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Mis artículos]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://cursos.elianacevallos.com/?p=3443</guid>

					<description><![CDATA[<p>La construcción de una sociedad sana para el ser humano es un ideal que ha </p>
<p>La entrada <a href="https://cursos.elianacevallos.com/construir-en-comun/">Construir en Común</a> se publicó primero en <a href="https://cursos.elianacevallos.com">Eliana Cevallos</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[		<div data-elementor-type="wp-post" data-elementor-id="3443" class="elementor elementor-3443" data-elementor-post-type="post">
				<div data-particle_enable="false" data-particle-mobile-disabled="false" class="elementor-element elementor-element-d4e0d4b e-con-full e-flex e-con e-parent" data-id="d4e0d4b" data-element_type="container">
				<div class="elementor-element elementor-element-6f57555 elementor-hidden-desktop elementor-hidden-tablet elementor-hidden-mobile elementor-widget elementor-widget-text-editor" data-id="6f57555" data-element_type="widget" data-widget_type="text-editor.default">
				<div class="elementor-widget-container">
									<p>Publicado revista MCLE Zürich</p>								</div>
				</div>
				<div class="elementor-element elementor-element-5669a2a elementor-widget elementor-widget-text-editor" data-id="5669a2a" data-element_type="widget" data-widget_type="text-editor.default">
				<div class="elementor-widget-container">
									<p>La construcción de una sociedad sana para el ser humano es un ideal que ha sido buscado a lo largo de la historia de la humanidad, particularmente por las personas que han advertido que la cooperación y el diálogo son temas imprescindibles en nuestra supervivencia, pero sobre todo por las personas que se han abierto a lo trascendente y han buscado la verdad. Como es de esperarse, nuestra fe defiende ese ideal no como una mera utopía, sino como una llamada cotidiana y responsable. En la encíclica Fratelli Tutti, el papa Francisco, no solo que subrayó esta premisa, sino que la presentó como un eje que viabiliza la fraternidad, el diálogo, la compasión y, sobre todo, que sostiene el mayor de los mandamientos que los cristianos compartimos: el amor. Y es que el amor es la única vía para descifrar lo que nos es común y además la fuente de cómo construirlo.</p><p>Lo podemos ver claramente cuando lo enfocamos en nuestra propia vida; por ejemplo, cuidamos de la paz, de la confianza, de la seguridad física y emocional de nuestros hijos, de nuestra pareja y amigos porque advertimos que su bienestar depende del espacio en común que compartimos. De hecho, si uno de los miembros de la familia pasa por un mal momento, todos lo sentimos y nuestra tendencia natural es a cuidarlo porque al hacerlo, en el fondo, estamos construyendo lo común como un espacio de soporte.</p><p>Pero hay que estar conscientes de que esta manera de actuar es, a su vez, el germen y la proyección de la conciencia social. Por eso, cuando no existe amor en las personas y en la familia o es entorpecido o destruido por algo; la conciencia social y la corresponsabilidad colectiva reciben ese impacto y lo manifiestan en macro.</p><p>Y es que los seres humanos tenemos dos tendencias marcadamente diferentes: una tendencia a actuar por miedo y atacar o defendernos por pura búsqueda de seguridad; y, una tendencia a confiar en los demás, cooperar y crear espacios de encuentro.</p><p>La construcción o la destrucción de lo común dependerá de cuál camino elijamos tanto a nivel personal como a nivel colectivo. En la actualidad, resulta obvio por cual tendencia parece estar caminando la humanidad. El núcleo de ello es el miedo y su resultado es el imperio del ego y la vanidad humana reflejados en la prepotencia; el querer ser mejores que otros y no pensar en servir, sino en ser servidos; la codicia desde un egocentrismo falaz; la indiferencia y la miopía de pensar que lo propio es lo único que merece ser cuidado.</p><p>De allí surgen naciones prepotentes y naciones temerosas; imperios de poder que engendran miedos colectivos; espectáculos de dominio en los que la violencia se normaliza y una serie de tonterías que nos llevan a aceptar el absurdo y, a veces, hasta a aplaudirlo.</p><p>Por ejemplo, aplaudimos que nuestros países se protejan contra las guerras arancelarias comprando oro o especulando con valores internacionales, pero ¿qué estamos entendiendo por protección? ¿El oro o los papeles financieros son fuente de vida? ¿En qué nos protegen? o peor aún, aplaudir que las economías se enfoquen en la compra de armamentos para sostener la paz o que se ordene el mundo entre los depredadores con derechos y los que parecen no tener ni siquiera un mínimo valor bajo la idea del “equilibrio mundial”.</p><p>¿Hay alguna esperanza de revertir todas estas tonterías que destruyen lo común?</p><p>Claro que sí. Todos somos responsables de esa esperanza y no solo de crearla, sino sobre todo de mantenerla. La necedad de pensar que los cambios vienen de afuera es una tontería también. Valen estas palabras directas y simples que nos lo recuerdan ¿Y por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no echas de ver la viga que está en tu propio ojo? Y es que esperar que los políticos, que las naciones dominantes, que los líderes sociales o económicos hagan algo es caer en la misma neurosis colectiva que los ha engendrado. La transformación siempre viene de adentro hacia afuera, no al revés.</p><p>Así que la construcción de lo común pasa por cada uno de nosotros. No es un tema de esperar. Es un tema de elegir entre el miedo y la defensa y el amor y la confianza. Es remar contra corriente de una cultura egocéntrica y ofrecer pequeños rayos de luz coherentes y perseverantes con el amor.</p><p>No olvidemos estas palabras: “Vosotros sois la sal de la tierra; pero si la sal se desvaneciere, ¿con qué será salada? No sirve más para nada, sino para ser echada fuera y hollada por los hombres. Vosotros sois la luz del mundo; una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder” Mateo 5:13-16.</p>								</div>
				</div>
				</div>
				</div>
		<p>La entrada <a href="https://cursos.elianacevallos.com/construir-en-comun/">Construir en Común</a> se publicó primero en <a href="https://cursos.elianacevallos.com">Eliana Cevallos</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
					<wfw:commentRss>https://cursos.elianacevallos.com/construir-en-comun/feed/</wfw:commentRss>
			<slash:comments>0</slash:comments>
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Diálogo y Amistad Social</title>
		<link>https://cursos.elianacevallos.com/dialogo-y-amistad-social/</link>
					<comments>https://cursos.elianacevallos.com/dialogo-y-amistad-social/#respond</comments>
		
		<dc:creator><![CDATA[IntervaloAdmin]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 11 Apr 2025 23:22:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Mis artículos]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://cursos.elianacevallos.com/?p=3240</guid>

					<description><![CDATA[<p>En un mundo polarizado y envuelto en revanchas, competencias...</p>
<p>La entrada <a href="https://cursos.elianacevallos.com/dialogo-y-amistad-social/">Diálogo y Amistad Social</a> se publicó primero en <a href="https://cursos.elianacevallos.com">Eliana Cevallos</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[		<div data-elementor-type="wp-post" data-elementor-id="3240" class="elementor elementor-3240" data-elementor-post-type="post">
				<div data-particle_enable="false" data-particle-mobile-disabled="false" class="elementor-element elementor-element-d4e0d4b e-con-full e-flex e-con e-parent" data-id="d4e0d4b" data-element_type="container">
				<div class="elementor-element elementor-element-6f57555 elementor-hidden-desktop elementor-hidden-tablet elementor-hidden-mobile elementor-widget elementor-widget-text-editor" data-id="6f57555" data-element_type="widget" data-widget_type="text-editor.default">
				<div class="elementor-widget-container">
									<p>Publicado revista MCLE Zürich</p>								</div>
				</div>
				<div class="elementor-element elementor-element-5669a2a elementor-widget elementor-widget-text-editor" data-id="5669a2a" data-element_type="widget" data-widget_type="text-editor.default">
				<div class="elementor-widget-container">
									<p>En un mundo polarizado y envuelto en revanchas, competencias por poder; guerras comerciales; desconfianza, violencia, fundamentalismo, intolerancia e indiferencia, hablar de diálogo y amistad social parece casi utópico o una especie de romanticismo que ya suena caduco.</p><p>Sin embargo, en la encíclica que venimos analizando, se subraya la importancia de recuperar esta noción y se la presenta no solamente como plausible, sino como deseable y como germen de una transformación cultural.</p><p>Comencemos por explorar el significado de “amistad social”. Este concepto, utilizado en las ciencias humanas, se refiere a todo el tejido relacional que cada uno de nosotros hilvana con los demás, abarcando conexiones sociales, afectivas, emocionales, intelectuales y espirituales. La amistad social es algo así como esa red comunitaria que, a través de la construcción de vínculos, fomenta la cooperación y permite la cohesión entre las personas.</p><p>Y es que la amistad posee una fuerza extraordinaria que no solo une a quienes se sienten cercanos, sino que también se expande hacia sus seres queridos, generando un ambiente de cariño y apoyo que incluye a sus parejas, hijos y familias. Un cariño compartido que, a su vez, genera otras cualidades fundamentales para una convivencia armoniosa: confianza, diálogo, tolerancia, empatía, oportunidades y un sentido de cooperación.</p><p>Además, es a través de estas conexiones profundas, que los seres humanos accedemos a diversas dimensiones de la salud: emocional, psicológica e incluso física, tal y como lo demuestran cientos de investigaciones en campos como la psicobioinmunología y la medicina.</p><p>Es decir, que la amistad social no solo es un reflejo expandido de la amistad individual, sino que contiene la posibilidad de sostener una salud colectiva que asegure bienestar a las nuevas generaciones.</p><p>De hecho, desde una perspectiva pragmática, la amistad social es crucial para nuestra supervivencia. Basta con hacer un repaso histórico para advertirlo. No estaríamos aquí si en las sociedades prehistóricas, no hubiese sido posible la cooperación en la caza, en la recolección y, sobre todo, en el cuidado de los bebés y los ancianos. Es decir que estamos hablando de un imperativo evolutivo.</p><p>Si el lector lo piensa con detenimiento, este imperativo evolutivo atraviesa todas las condiciones necesarias para que, como especie, sigamos en esta tierra.</p><p>Y es que sin amistad social no podemos cuidar lo que nos es común y que, además, sostiene nuestra vida física: la tierra, el agua, los bosques, el aire, la vida animal y la organización de cada ecosistema. Tampoco podemos cuidar nuestra salud psíquica y social basada en el diálogo, el aprendizaje mutuo, la ética, la moral e incluso el sentido de la vida, pues solamente en las conexiones profundas con otros seres humanos tenemos un marco de referencia que recalibra nuestro ser.</p><p>Lamentablemente, hay que decir que, en la actualidad, la amistad social se presenta como un ideal imposible de alcanzar e incluso se lo niega culturalmente en medio de comunicaciones hostiles; creación de ambientes de desconfianza; violencia; revanchas; amenazas y luchas por intereses que niegan lo “común” y que destruyen en la práctica a naciones enteras, hogares y miles de vidas, sueños y esperanzas.</p><p>Es decir, una especie de locura colectiva que destruye justamente los fundamentos de la vida humana y normaliza una actitud autodestructiva.</p><p>¿Cómo hemos llegado a pensar que la amistad social es un tema utópico e imposible de llevar a cabo?</p><p>Sin duda, la respuesta a esta pregunta contiene las claves necesarias para indagar qué nos pasa como sociedad.</p><p>Hay que decirlo con asertividad: La amistad social es un hecho humano histórico, es una llamada intrínseca que surge desde nuestra naturaleza y que impregna toda nuestra realidad social.</p><p>Como he referido en otras ocasiones el solo hecho de pensar que no es posible ya es un equívoco que multiplica errores en la vida práctica y nos sume en una especie de sueño colectivo errático y enfermo. No nos dejemos llevar por las redes sociales, las noticias y las narraciones culturales que destruyen la amistad social porque no solamente que estamos siendo cómplices de esa locura, sino porque estamos desvaneciendo la verdad que surge de estas palabras de Jesús: “Donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos” (Mateo 18:20).</p><p>Coloquemos nuestra mirada en este llamado a la unidad porque es el camino hacia la recuperación de nuestras comunidades y al regreso a la esencia de lo que significa ser “persona”.</p>								</div>
				</div>
				</div>
				</div>
		<p>La entrada <a href="https://cursos.elianacevallos.com/dialogo-y-amistad-social/">Diálogo y Amistad Social</a> se publicó primero en <a href="https://cursos.elianacevallos.com">Eliana Cevallos</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
					<wfw:commentRss>https://cursos.elianacevallos.com/dialogo-y-amistad-social/feed/</wfw:commentRss>
			<slash:comments>0</slash:comments>
		
		
			</item>
		<item>
		<title>El Poder Internacional</title>
		<link>https://cursos.elianacevallos.com/el-poder-internacional/</link>
					<comments>https://cursos.elianacevallos.com/el-poder-internacional/#respond</comments>
		
		<dc:creator><![CDATA[IntervaloAdmin]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 13 Mar 2025 16:09:44 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Mis artículos]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://cursos.elianacevallos.com/?p=2614</guid>

					<description><![CDATA[<p>Las noticias internacionales de las últimas semanas respecto de la guerra en Ucrania </p>
<p>La entrada <a href="https://cursos.elianacevallos.com/el-poder-internacional/">El Poder Internacional</a> se publicó primero en <a href="https://cursos.elianacevallos.com">Eliana Cevallos</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[		<div data-elementor-type="wp-post" data-elementor-id="2614" class="elementor elementor-2614" data-elementor-post-type="post">
				<div data-particle_enable="false" data-particle-mobile-disabled="false" class="elementor-element elementor-element-d4e0d4b e-con-full e-flex e-con e-parent" data-id="d4e0d4b" data-element_type="container">
				<div class="elementor-element elementor-element-6f57555 elementor-widget elementor-widget-text-editor" data-id="6f57555" data-element_type="widget" data-widget_type="text-editor.default">
				<div class="elementor-widget-container">
									<p>Publicado revista MCLE Zürich</p>								</div>
				</div>
				<div class="elementor-element elementor-element-5669a2a elementor-widget elementor-widget-text-editor" data-id="5669a2a" data-element_type="widget" data-widget_type="text-editor.default">
				<div class="elementor-widget-container">
									<p>Las noticias internacionales de las últimas semanas respecto de la guerra en Ucrania y las nuevas visiones geopolíticas resultan un escenario muy adecuado para entender con mayor profundidad y concreción este apartado de la encíclica Fratelli Tutti.</p><p>Hay que decir que estamos siendo testigos de un enorme error de comprensión sobre lo que es el poder internacional, cuyas consecuencias, si no lo paramos a tiempo, multiplicarán heridas en el corazón humano y propagarán equívocos nefastos y tremendamente peligrosos para toda la humanidad. Me refiero al error de concebir el poder internacional como el dominio de los más fuertes sobre los más débiles o como un juego de cartas en las que dominan los intereses económicos y comerciales.</p><p>El poder internacional no es solamente un tema de líderes y tratados, es una cuestión ética basada en valores universales y que tocan directamente al corazón de nuestra humanidad compartida. Las estructuras globales y sus líderes o responden a esa ética o simplemente son la corrupción de aquello. El poder internacional no puede estar asentado en los desvaríos de uno u otro líder, de un grupo o de otro y tampoco del interés económico de corporaciones internacionales.</p><p>Si los tratados, las leyes o las prácticas políticas son manoseadas por grupos de élite para imponerse o para acrecentar sus ambiciones, entonces toda la visión de política internacional está siendo corrompida desde sus propios fundamentos. ¿Qué fuerza corrupta está detrás? Claramente el egoísmo y su consecuencia más nefasta: el egocentrismo ya sea que se manifieste a nivel personal, nacional, organizacional o grupal.</p><p>El egocentrismo es la ceguera mayor del ser humano, la negación de nuestra humanidad compartida, la fuente de la ambición desmedida, de la violencia del más fuerte, de la corrupción del lenguaje, de la negación del bien común, de la impostura ante el sufrimiento humano, de la falta de empatía, de la arrogancia, de la codicia por los bienes ajenos, de comportamientos soberbios y del dominio humillante a los más débiles.  Una especie de psicopatía normalizada que, aunque se revista de frases supuestamente razonables inocula el veneno de la ignorancia de quiénes somos, para qué estamos aquí y, sobre todo, de nuestra dignidad compartida.</p><p>Tenemos que regresar a la comprensión correcta de lo que es el poder internacional, es decir comprenderlo desde la unión y desde la cooperación independiente e igualitaria de las naciones, asentadas en normas claras, tratados multinacionales, acuerdos bilaterales y mesas de diálogo.  </p><p>Como dice el papa Francisco, se requiere de una “autoridad mundial regulada por el derecho” que no dependa de los líderes de turno, sino de una agenda global en la que la dignidad humana sea el centro y la cooperación el modo de gestión. Una verdadera autoridad colegiada que fortalezca lo local sin divisiones, y lo global sin imponer uniformidad. </p><p>Y como he referido en otros artículos, esta posibilidad no debe ser asumida como “utópica” o inalcanzable pues justamente por esa mentalidad desesperanzada y resignada es que muchas veces, elegimos líderes que no poseen la inteligencia suficiente para comprender el bien común.</p><p>Todos somos protagonistas de la transformación. La sociedad civil es la semilla de todo cambio. Evidentemente los resultados no se pueden ver inmediatamente o en unas semanas, meses o años; de hecho, quizá hasta requieran generaciones enteras hasta que ocurra, pero esto no nos exime de la responsabilidad de hacerlo.</p><p>Como dijo el filósofo Paul Ricoeur “la poesía de la acción colectiva” es el verdadero germen de la transformación social. En palabras más cercanas a nuestra fe sería: “la poesía de la acción de los buenos samaritanos” que, ante las crisis culturales, se levantan como modelos de ética.   </p><p>La caridad, la compasión y el amor no son verdades pasivas, son verbos activos, transitivos y muy potentes porque además de tener el poder de la transformación, poseen la comprensión de lo que es correcto y de lo que no lo es. Como decía San Agustín: “La esperanza tiene dos hijos: el coraje y la indignación”. Coraje para no caer en la desolación e indignación ante los errores que normalizan los errores del egocentrismo humano.</p><p>Vale siempre tener en cuenta las palabras del profeta Miqueas: “Él te ha mostrado, oh mortal, ¡lo que es bueno! ¿Y qué es lo que espera de ti el Señor?: practicar la justicia, amar la misericordia y caminar humildemente ante tu Dios” (Miqueas 6:8-12).  </p>								</div>
				</div>
				</div>
				</div>
		<p>La entrada <a href="https://cursos.elianacevallos.com/el-poder-internacional/">El Poder Internacional</a> se publicó primero en <a href="https://cursos.elianacevallos.com">Eliana Cevallos</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
					<wfw:commentRss>https://cursos.elianacevallos.com/el-poder-internacional/feed/</wfw:commentRss>
			<slash:comments>0</slash:comments>
		
		
			</item>
		<item>
		<title>La actividad del amor político</title>
		<link>https://cursos.elianacevallos.com/la-actividad-del-amor-politico/</link>
					<comments>https://cursos.elianacevallos.com/la-actividad-del-amor-politico/#respond</comments>
		
		<dc:creator><![CDATA[IntervaloAdmin]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 22 Dec 2024 21:06:39 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Mis artículos]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://cursos.elianacevallos.com/?p=2470</guid>

					<description><![CDATA[<p>En el apartado 186 de la Encíclica Fratelli Tutti, el papa Francisco reflexiona y propone...</p>
<p>La entrada <a href="https://cursos.elianacevallos.com/la-actividad-del-amor-politico/">La actividad del amor político</a> se publicó primero en <a href="https://cursos.elianacevallos.com">Eliana Cevallos</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[		<div data-elementor-type="wp-post" data-elementor-id="2470" class="elementor elementor-2470" data-elementor-post-type="post">
				<div data-particle_enable="false" data-particle-mobile-disabled="false" class="elementor-element elementor-element-d4e0d4b e-con-full e-flex e-con e-parent" data-id="d4e0d4b" data-element_type="container">
				<div class="elementor-element elementor-element-6f57555 elementor-hidden-desktop elementor-hidden-tablet elementor-hidden-mobile elementor-widget elementor-widget-text-editor" data-id="6f57555" data-element_type="widget" data-widget_type="text-editor.default">
				<div class="elementor-widget-container">
									<p>Publicado revista MCLE Zürich</p>								</div>
				</div>
				<div class="elementor-element elementor-element-5669a2a elementor-widget elementor-widget-text-editor" data-id="5669a2a" data-element_type="widget" data-widget_type="text-editor.default">
				<div class="elementor-widget-container">
									<p>En el apartado 186 de la Encíclica Fratelli Tutti, el papa Francisco reflexiona y propone algunas ideas sobre una política fundada en la caridad y en la fraternidad.<br />Retomando lo que habíamos señalado en la entrega anterior, resulta muy interesante que el papa aborde la política desde un paradigma completamente distinto al que estamos acostumbrados; es decir, que lo coloque en clave de caridad y fraternidad. En esta clave, incluso el papa va más allá de una resignificación cultural, sino que nos insta a pensar en un amor político.<br />Pero ¿Qué tiene que ver la política con el amor? Si observamos nuestro mundo, sin duda, todos podemos decir al unísono que no hay nada más disonante que esa combinación. Es incuestionable que el amor nada tiene que ver con las prácticas políticas a las que estamos acostumbrados. ¿Qué tiene que ver el amor con violencia ideológica, búsqueda de dominio, privilegios y discriminación, descalificación del adversario, incapacidad de diálogo, deseo de vencer y ganar, venganzas, defensa de intereses de grupo o individuales, competitividad sin ética, violación continua de los derechos humanos y ciudadanos, corrupción del bien común, etc.?<br />Evidentemente nada.<br />Pues en ese “nada” quizá tengamos una clave importante para comprender la resignificación que se propone en la encíclica que comentamos. A veces la vía negativa (lo que no es y excluye lo que realmente es) nos puede orientar con claridad en los límites que tiene una realidad y, por tanto, la coherencia de sus prácticas.<br />Reconocer lo “que no es” en el tema que nos ocupa, nos permite advertir el peligro de normalizar la práctica política y de gobierno fundamentada en la insensatez humana. Por ejemplo, ¿Acaso no es insensato aceptar que la política se haya convertido en una práctica de poder y corrupción? ¿Acaso no es insensato admitir que personas llenas de ambición sean capaces de mentir y manipular sin ningún tipo de vergüenza con tal de ganar votos o adeptos? ¿Acaso no es insensato normalizar la lógica del poder desde gobernantes que hacen políticas discriminatorias y juegan en el tablero político sin la menor sensibilidad a la situación de la nación a la que dicen representar?<br />Claramente al reconocer la insensatez, por vía negativa, somos capaces de identificar lo que sería realmente sensato en la política y desde esa clave, comprender el amor político.<br />En este contexto, los cristianos no podemos quedarnos al margen y convertirnos en cómplices o en encubridores de esta realidad. Debemos asumir la responsabilidad de alzar la voz con valentía y propiciar reflexión en nuestros semejantes y ojalá, por medio de nuestro trabajo, incidir en una reeducación colectiva sobre lo que es política y gobierno. Lo podemos hacer desde actos tan simples como, por ejemplo, interesarnos en la política de nuestra comunidad, actuar activamente en los espacios democráticos a los que tenemos acceso, motivar a nuestros hijos, familia, amigos, vecinos y cercanos a repensar la política; o, trabajar en nuestras organizaciones y comunidades conscientes de que la incidencia política de nuestra gestión también es importante.<br />También es importante conocer ejemplos concretos de la acción del amor político, de modo que podamos captar su posibilidad y su potencia. Hay que decir que existen miles de personas en el mundo que actúan desde la caridad e impactan directamente en instituciones políticas y centros de gobernanza y es que hacer política también es hacer resonar en la sociedad un cambio de paradigma o propiciar instituciones que reeduquen a la población desde la ética civil, la responsabilidad ciudadana, la cooperación, etc.<br />Cuestionémonos todos e impliquémonos todos porque hay que asumir que los líderes del mundo son una buena representación de la mentalidad y de los valores de sus electores o de la población que les ha permitido acceder a cargos de gobierno. De hecho, la política es un buen termómetro de la salud de una cultura.<br />Al respecto, vale subrayar estas palabras del papa que nos pueden orientar en su propuesta: “El político es un hacedor, un constructor con grandes objetivos, con mirada amplia, realista y pragmática, aún más allá de su propio país. Las mayores angustias de un político no deberían ser las causadas por una caída en las encuestas, sino por no resolver efectivamente «el fenómeno de la exclusión social y económica, con sus tristes consecuencias de trata de seres humanos, comercio de órganos y tejidos humanos, explotación sexual de niños y niñas, trabajo esclavo, incluyendo la prostitución, tráfico de drogas y de armas, terrorismo y crimen internacional organizado”.<br />No nos resignemos. Aunque la política mundial exprese desamor, pongamos nuestra fe en que el amor es más fuerte y que las tinieblas no pueden contra la Luz, pero también recordemos que esa Luz requiere de nuestra presencia, de nuestro comportamiento, de nuestras manos, nuestra voz y nuestra gestión diaria, constante y consciente.</p>								</div>
				</div>
				</div>
				</div>
		<p>La entrada <a href="https://cursos.elianacevallos.com/la-actividad-del-amor-politico/">La actividad del amor político</a> se publicó primero en <a href="https://cursos.elianacevallos.com">Eliana Cevallos</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
					<wfw:commentRss>https://cursos.elianacevallos.com/la-actividad-del-amor-politico/feed/</wfw:commentRss>
			<slash:comments>0</slash:comments>
		
		
			</item>
		<item>
		<title>La mejor política.</title>
		<link>https://cursos.elianacevallos.com/la-mejor-politica/</link>
					<comments>https://cursos.elianacevallos.com/la-mejor-politica/#respond</comments>
		
		<dc:creator><![CDATA[IntervaloAdmin]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 20 Dec 2024 12:25:24 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Mis artículos]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://cursos.elianacevallos.com/?p=2465</guid>

					<description><![CDATA[<p>Iniciamos con el capítulo quinto de la Encíclica Fratelli Tutti...</p>
<p>La entrada <a href="https://cursos.elianacevallos.com/la-mejor-politica/">La mejor política.</a> se publicó primero en <a href="https://cursos.elianacevallos.com">Eliana Cevallos</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[		<div data-elementor-type="wp-post" data-elementor-id="2465" class="elementor elementor-2465" data-elementor-post-type="post">
				<div data-particle_enable="false" data-particle-mobile-disabled="false" class="elementor-element elementor-element-d4e0d4b e-con-full e-flex e-con e-parent" data-id="d4e0d4b" data-element_type="container">
				<div class="elementor-element elementor-element-6f57555 elementor-hidden-desktop elementor-hidden-tablet elementor-hidden-mobile elementor-widget elementor-widget-text-editor" data-id="6f57555" data-element_type="widget" data-widget_type="text-editor.default">
				<div class="elementor-widget-container">
									<p>Publicado revista MCLE Zürich</p>								</div>
				</div>
				<div class="elementor-element elementor-element-5669a2a elementor-widget elementor-widget-text-editor" data-id="5669a2a" data-element_type="widget" data-widget_type="text-editor.default">
				<div class="elementor-widget-container">
									<p>Iniciamos con el capítulo quinto de la Encíclica Fratelli Tutti. Su título resulta muy llamativo, sobre todo porque aborda uno de los temas sociales de mayor complejidad y que, en nuestro tiempo, representa una de las prácticas más denostadas y desvirtuadas de los últimos siglos.</p><p>Pero, la política no siempre fue una práctica que generó dudas o suspicacia. En su origen, en la Grecia clásica el accionar político era parte de la vida cotidiana de las ciudades estado o “polis” y se relacionaba con el debate público alrededor del bien común, del arte de gobernar y de las virtudes propias de los gobernantes. Filósofos como Platón y Aristóteles retratan muy bien este significado, subrayando la importancia de evitar que los gobernantes sucumban ante el ejercicio del poder y los ciudadanos ante la apatía de participar activamente en la política.</p><p>Lamentablemente, hay que reconocer que la política fue degenerándose y perdiéndose en el tablero de los intereses económicos y de la lucha por el poder.  Durante la Edad Media incluso se vinculó a la autoridad monárquica y ya en la modernidad, hasta se la relacionó con dictaduras, mafias políticas, organizaciones títeres y hasta con la desinstitucionalización de los Estados.</p><p>En la actualidad, la política y los políticos se han convertido en el rostro de la lógica del poder y de la lucha entre intereses sectoriales, ideológicos, partidistas, financieros, geográficos y económicos. El bien común solamente aparece como un discurso viejo y maltrecho entre esas prácticas.</p><p>En este contexto, hablar de “la mejor política” implica un enorme reto. Sin duda, este reto debe iniciar con un replanteamiento integral de conceptos, nociones y creencias alrededor de la política y los políticos. Una transformación radical de mentalidad que integre un nuevo paradigma, una nueva comprensión de lo que implica el liderazgo social y una regenerada noción de la participación de todos los ciudadanos en los destinos de sus territorios. Al respecto, en la encíclica que estamos analizando se colocan algunas claves en esta dirección: el ejercicio de la caridad, del amor social, de la mística de la fraternidad y de la política del amor.</p><p>Algo semejante a lo que Jesús llamó el “Reino de Dios” y que los primeros cristianos practicaron por medio de la comunidad de bienes, del cuidado mutuo y del respeto por los más vulnerables. Evidentemente que hablar de amor social o de política centrada en la caridad, en nuestro tiempo, parece más una utopía que algo posible, pero si hay algo que caracteriza al pensamiento cristiano en nuestra época es justamente su capacidad de alentar al ser humano a ir contra corriente y confiar plenamente en que la sociedad puede tomar un rumbo distinto.</p><p>Evidentemente que no bastan las buenas intenciones, pero puede bastar con la motivación y la luz que surge de personas que van contra corriente y crean espacios políticos de gobernanza ética, ecológica y en respeto total de la dignidad de las personas. Seres humanos que el papa llama “poetas sociales” y cuyo accionar revive la idea de una política centrada en el bien común.</p><p>Es verdad que sentimos cierta desesperanza ante la política mundial y las luchas políticas en nuestras naciones, pero esto no debe desviarnos en nuestra confianza de que podemos construir una nueva realidad. ¿Cuánto tendremos que esperar para que esto suceda? Quizá allí este la mayor de las trampas mentales del ser humano, pues la desesperanza y la delegación resignada de nuestro destino en manos de personas indignas de gobernar es un tema que debemos afrontar. Quizá la política se ha convertido en esa caricatura perversa justamente porque la mayoría de las personas lo hemos permitido. Si queremos que algo cambie, debemos empezar por cambiarlo nosotros.  ¿En dónde? En nuestros espacios, en una participación comprometida con nuestra comunidad, en un comportamiento proactivo ante las realidades próximas, en una actitud empática y solidaria que hable de bien común.  Lo nuevo requiere de una nueva mentalidad, de un nuevo comportamiento, de una nueva actitud. Si queremos construir el Reino de Dios en la tierra, debemos asumir que somos sus constructores y que no hay justificación para eludir esa responsabilidad.</p><p> </p><p> </p><p>desfigurada no implica que el accionar político no pueda regresar a su  ni debe quedar atrapada en los errores del ser humano, aún puede ser el arte de dirigiri nos atenemos a lo que señala el papa Francisco, parece que estaría hablando de una utopía, de un mundo imposible, de un panorama irrealizable. Pero, quizá justamente, ese sea el problema central que todos tenemos. Creer que el mundo ya no tiene salida y que el ser humano carece de la creatividad necesaria para salir del embrollo en el que se ha metido. Quizá, la “mejor política” sea la revisión realista de cuánta desesperanza guardamos en el corazón y de cuánta valentía poseemos para iniciar, en nuestros espacios, ese amor social y político, que nos conviertan, conforme llama el papa Francisco en “poetas sociales”, que trabajan, proponen, promueven y liberan a los demás de la pesada desesperanza.</p>								</div>
				</div>
				</div>
				</div>
		<p>La entrada <a href="https://cursos.elianacevallos.com/la-mejor-politica/">La mejor política.</a> se publicó primero en <a href="https://cursos.elianacevallos.com">Eliana Cevallos</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
					<wfw:commentRss>https://cursos.elianacevallos.com/la-mejor-politica/feed/</wfw:commentRss>
			<slash:comments>0</slash:comments>
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Local y universal</title>
		<link>https://cursos.elianacevallos.com/local-y-universal/</link>
					<comments>https://cursos.elianacevallos.com/local-y-universal/#respond</comments>
		
		<dc:creator><![CDATA[IntervaloAdmin]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 17 Oct 2024 18:24:32 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Mis artículos]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://cursos.elianacevallos.com/?p=2337</guid>

					<description><![CDATA[<p>En el apartado 142 y siguiendo el orden que propone la Encíclica Fratelli...</p>
<p>La entrada <a href="https://cursos.elianacevallos.com/local-y-universal/">Local y universal</a> se publicó primero en <a href="https://cursos.elianacevallos.com">Eliana Cevallos</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[		<div data-elementor-type="wp-post" data-elementor-id="2337" class="elementor elementor-2337" data-elementor-post-type="post">
				<div data-particle_enable="false" data-particle-mobile-disabled="false" class="elementor-element elementor-element-d4e0d4b e-con-full e-flex e-con e-parent" data-id="d4e0d4b" data-element_type="container">
				<div class="elementor-element elementor-element-6f57555 elementor-widget elementor-widget-text-editor" data-id="6f57555" data-element_type="widget" data-widget_type="text-editor.default">
				<div class="elementor-widget-container">
									Publicado revista MCLE Zürich 								</div>
				</div>
				<div class="elementor-element elementor-element-5669a2a elementor-widget elementor-widget-text-editor" data-id="5669a2a" data-element_type="widget" data-widget_type="text-editor.default">
				<div class="elementor-widget-container">
									<p>En el apartado 142 y siguiendo el orden que propone la Encíclica Fratelli Tutti, el papa Francisco nos conmina a repensar la tensión que existe entre lo local y lo universal, entre la globalización y la situación de un sitio en particular.</p><p>Partamos primero por conocer lo que ambos términos significan.</p><p>La palabra “localización”proviene del latín «localis», que significa «perteneciente a un lugar» o «relativo a un lugar». El término «localización» con el sufijo añadido de «-ción», se utiliza para sustantivar e indicar acción o efecto. Es por esta razón que «localización» refiere un proceso en relación con un lugar específico, es decir nos ubica en lo próximo, en aquel espacio en el que nos movemos, actuamos, vivimos, etc.</p><p>En contraste, lo universal proviene del latín «universalis», que significa «perteneciente a todo» o «general». También alude a totalidad y la inclusión de todo en un solo conjunto. Justamente dentro de este término se puede abordar también la comprensión del término «globalización» al que estamos tan acostumbrados en el día de hoy desde su popularización en el siglo XX como el proceso de hacer que algo sea global o que alcance dimensiones globales ya sea desde la interconexión económica, financiera, social o cultural.</p><p>Ambos términos son parte de la totalidad porque actúan impactándose de modo recíproco.</p><p>Por ejemplo, las acciones llevadas a cabo en la guerra entre Ucrania y Rusia, además de herir a familias enteras y de propiciar muchísimo dolor local ha impactado de forma significativa a todo el continente africano llevando a todas sus naciones a un riesgo inminente de hambruna. Según informes de la PNUD (Programa de las Naciones unidas para el desarrollo) la enorme dependencia de los países africanos a las importaciones de Rusia y Ucrania y su cualidad particularmente agrícola ha propiciado una enorme crisis que aumenta los precios de los alimentos, provoca escasez de fertilizantes y golpea a la estabilidad económica y financiera de toda la región.</p><p>Si lo llevamos al plano más cotidiano, las acciones de quienes han propiciado esta guerra han resonado tanto en su territorio como en otras partes del mundo. Si lo vemos aún más particularmente, han colocado en la misma situación tanto a la madre que llora a su hijo que a partido a luchar en la guerra como a la madre que, en una aldea africana, llora a su hijo por exponerlo al hambre y a la malnutrición.</p><p>Quizá ambas madres no pensaron nunca que estarían relacionadas, pero el hecho es que las acciones de unos vinculan a otros de un modo directo.</p><p>Otro ejemplo claro de esta interdependencia es nuestro uso y abuso de los equipos electrónicos que cuando se convierten en deshechos van a parar al vertedero de Agbogbloshie, un barrio de la ciudad Acra en Ghana, cuya contaminación por chatarra electrónica pone en riesgo a otras poblaciones porque está atravesado por las aguas de un río.</p><p>Quizá una de las mayores cegueras humanas es justamente no mirar esta interdependencia absoluta y evadirla constantemente con autoengaños como – si está lejos no me impactará &#8211; ;- esas cosas aquí no pasan-; &#8211; eso ocurre a otros-; lo que me atañe es lo mío y lo de mi familia-; -lo que me debe importar es el lugar en donde vivo y lo otro no es mi asunto- etc.</p><p>Es una paradoja que estando en medio de una cultura que apunta a la globalización, aún nos cueste mirar la vida de forma universal y pensarla desde la totalidad.</p><p>Ya hemos repetido muchas veces que la fraternidad no es local, es universal. Es decir, nos atañe a todos porque todos somos huéspedes de este planeta. Máxime para nosotros que somos monoteístas, es decir que creemos en un solo Dios, en un solo Padre que acoge a todos sus hijos y hace llover sobre justos e injustos.</p><p>Quizá no lo queremos ver porque nos cuesta asumir la corresponsabilidad, pero todos y cada uno de nosotros somos parte activa de aquello que impacta globalmente.</p><p>Si todos tomamos conciencia de esto, con seguridad la fraternidad no sería una especie de esperanza ilusoria. Imagínelo. Si cada persona en este mundo fuese consciente de que una acción suya puede desencadenar una infinidad de efectos ¿no sería más responsable con lo que hace?</p><p>No perdamos de vista lo local pues allí está nuestra primera responsabilidad, pero no nos autoengañemos de que nuestras acciones no repercuten en lo global. Hagamos nuestra parte desde lo cotidiano, desde lo cercano, desde nuestras localidades con la conciencia de que nuestros hermanos en el otro lado del planeta, aunque los miremos como lejanos, están afectados por nuestro comportamiento o actitud.</p>								</div>
				</div>
				</div>
				</div>
		<p>La entrada <a href="https://cursos.elianacevallos.com/local-y-universal/">Local y universal</a> se publicó primero en <a href="https://cursos.elianacevallos.com">Eliana Cevallos</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
					<wfw:commentRss>https://cursos.elianacevallos.com/local-y-universal/feed/</wfw:commentRss>
			<slash:comments>0</slash:comments>
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Gratuidad que acoge</title>
		<link>https://cursos.elianacevallos.com/gratuidad-que-acoge/</link>
					<comments>https://cursos.elianacevallos.com/gratuidad-que-acoge/#respond</comments>
		
		<dc:creator><![CDATA[IntervaloAdmin]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 05 Sep 2024 18:17:44 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Mis artículos]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://cursos.elianacevallos.com/?p=2336</guid>

					<description><![CDATA[<p>Siguiendo con la reflexión propuesta en la encíclica Fratelli...</p>
<p>La entrada <a href="https://cursos.elianacevallos.com/gratuidad-que-acoge/">Gratuidad que acoge</a> se publicó primero en <a href="https://cursos.elianacevallos.com">Eliana Cevallos</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[		<div data-elementor-type="wp-post" data-elementor-id="2336" class="elementor elementor-2336" data-elementor-post-type="post">
				<div data-particle_enable="false" data-particle-mobile-disabled="false" class="elementor-element elementor-element-d4e0d4b e-con-full e-flex e-con e-parent" data-id="d4e0d4b" data-element_type="container">
				<div class="elementor-element elementor-element-6f57555 elementor-widget elementor-widget-text-editor" data-id="6f57555" data-element_type="widget" data-widget_type="text-editor.default">
				<div class="elementor-widget-container">
									Publicado revista MCLE Zürich 								</div>
				</div>
				<div class="elementor-element elementor-element-5669a2a elementor-widget elementor-widget-text-editor" data-id="5669a2a" data-element_type="widget" data-widget_type="text-editor.default">
				<div class="elementor-widget-container">
									<p>Siguiendo con la reflexión propuesta en la encíclica Fratelli Tutti y dentro de la idea de fraternidad como un ejercicio de reciprocidad; es decir de una donación mutua entre personas, pueblos, naciones y culturas, el Papa Francisco nos coloca en la necesidad de comprender esa reciprocidad en clave de gratuidad.</p><p>Y es que cuando abordamos la reciprocidad podemos confundirnos con el utilitarismo; es decir, una reciprocidad secuestrada por la idea de beneficio y recompensa. Una transacción de intereses personales en el que las dos partes actúan buscando algo a cambio.<br />Hay que decir que este no es el núcleo de la reciprocidad fraterna y tampoco el núcleo del mensaje de amor que Jesús nos propuso. La utilidad no es el fin de la reciprocidad, llegar a conseguir algo no es su objetivo. De hecho, es todo lo contrario, es desenfocarnos del yo para situarnos en el nosotros. Si hago algo pensando en un beneficio de retorno, lo que estoy haciendo es reforzando mi actividad egocéntrica: – Merezco que me des algo a cambio de lo que te he dado –; – espero que me devuelvas de alguna manera lo que he hecho por ti – ;o, – no actuaré mientras no me cerciore de que tengo algún beneficio-</p><p>Nada más alejado del mensaje de fraternidad del cristianismo y menos aún del mandamiento del amor.</p><p>Para ahondar mucho más en esta reflexión, valen las palabras de Jesús cuando dijo “Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha; así tu limosna quedará en secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te lo pagará” (Mateo 6, 1-6)</p><p>¿Qué nos quiso decir? Claramente Jesús nos invita a la gratuidad, es decir a no esperar nada a cambio, salvo aquella recompensa que permanece en “secreto” y que es vista únicamente por Dios y, por tanto, es libre de cualquier signo externo y público. Es decir, no depende de que el sujeto que se ha beneficiado de nuestra acción nos lo agradezca, lo reconozca o lo pague; así como no depende del aplauso social, del reconocimiento público o de la utilidad que nos reporte.</p><p>En esta perspectiva, la gratuidad es la manifestación de la generosidad sin expectativas de ningún tipo y, por tanto, signo del amor y la bondad incondicionales. Un tema central en las enseñanzas del cristianismo que no solamente subraya lo incondicional, sino también la libertad interior de una persona. Libertad interior en el sentido de que una acción desinteresada es una manifestación de que el “yo” no está apegado a ningún resultado cuando hace el bien.</p><p>Cuando el “yo” hace el bien libre del deseo de protagonismo o de la búsqueda de una utilidad personal, manifiesta que ha roto las cadenas de la expectativa y la gratificación. En otras palabras, ha roto la esclavitud egocéntrica y con ello la dependencia del resultado. Y es que depender de un resultado es una verdadera esclavitud, pues si no se recibe lo que se esperaba, la persona se frustra e incluso se enoja y hasta puede sentir que el otro le ha herido y sentir resentimiento, odio o incluso deseo de venganza. Además, esperar algo a cambio implica situar al otro (el que se ha beneficiado de nuestra acción) como deudor y colocarnos como acreedores. ¿Es esta una actitud amorosa?</p><p>Al respecto, vale la pena recordar las palabras de Jesús cuando dice “Si alguien quiere venir en pos de Mí, niéguese a sí mismo…” o “el que quiera salvar su vida, la perderá…”<br />Y es que cuando el “yo” actúa por la gratificación de la recompensa, está afirmando el “sí mismo” y lo que cree que se ha ganado o le corresponde como “suyo”. Nada más contrario al amor y a la vivencia de la fraternidad, en donde el “nosotros” desplaza al “yo”; la compasión desplaza al interés personal y el desapego por los resultados desplaza el deseo de recompensa.</p><p>Es preciso que todos tengamos conciencia de que el mensaje de amor de Jesús tiene como eje central la gratuidad porque su núcleo es el amor. Un mensaje que podemos ver claramente en su vida. Sanó enfermos, liberó a muchas personas de sus esclavitudes, curó almas heridas, etc. y nunca pidió o exigió recompensa, menos aún reconocimiento social o fama.</p><p>Si queremos comprenderlo y seguirlo, obremos en el bien y para el bien sin interés personal o expectativa. Obremos gratuitamente sin exigencias o demandas. Captemos la gratuidad como una liberación de lo exterior y una oportunidad de vivir el desapego por los resultados.</p>								</div>
				</div>
				</div>
				</div>
		<p>La entrada <a href="https://cursos.elianacevallos.com/gratuidad-que-acoge/">Gratuidad que acoge</a> se publicó primero en <a href="https://cursos.elianacevallos.com">Eliana Cevallos</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
					<wfw:commentRss>https://cursos.elianacevallos.com/gratuidad-que-acoge/feed/</wfw:commentRss>
			<slash:comments>0</slash:comments>
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Migración</title>
		<link>https://cursos.elianacevallos.com/migracion/</link>
					<comments>https://cursos.elianacevallos.com/migracion/#respond</comments>
		
		<dc:creator><![CDATA[IntervaloAdmin]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 28 Aug 2024 02:23:54 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Mis artículos]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://cursos.elianacevallos.com/?p=631</guid>

					<description><![CDATA[<p>“Un corazón abierto al mundo entero” de la encíclica Frattelli...</p>
<p>La entrada <a href="https://cursos.elianacevallos.com/migracion/">Migración</a> se publicó primero en <a href="https://cursos.elianacevallos.com">Eliana Cevallos</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[		<div data-elementor-type="wp-post" data-elementor-id="631" class="elementor elementor-631" data-elementor-post-type="post">
				<div data-particle_enable="false" data-particle-mobile-disabled="false" class="elementor-element elementor-element-d4e0d4b e-con-full e-flex e-con e-parent" data-id="d4e0d4b" data-element_type="container">
				<div class="elementor-element elementor-element-6f57555 elementor-widget elementor-widget-text-editor" data-id="6f57555" data-element_type="widget" data-widget_type="text-editor.default">
				<div class="elementor-widget-container">
									Publicado revista MCLE Zürich 								</div>
				</div>
				<div class="elementor-element elementor-element-5669a2a elementor-widget elementor-widget-text-editor" data-id="5669a2a" data-element_type="widget" data-widget_type="text-editor.default">
				<div class="elementor-widget-container">
									<p class="p2"><b>Las ofrendas recíprocas<span class="Apple-converted-space"> </span></b></p>
<p class="p2">Siguiendo con nuestras reflexiones sobre el capítulo cuarto “Un corazón abierto al mundo entero” de la encíclica Frattelli Tutti del papa Francisco nos encontramos con este título que resulta muy sugerente pues su texto remite al fenómeno social de la migración humana.<span class="Apple-converted-space"> </span></p>
<p class="p2">Es muy interesante que el papa aborde el tema de la migración desde una noción de “ofrendas recíprocas”. ¿Qué es una ofrenda? Una ofrenda es un tributo, regalo o presente que se ofrece como muestra de respeto, agradecimiento, devoción o como parte de una tradición cultural o religiosa. Por tanto, una ofrenda contiene en sí misma la noción de gratitud y de reconocimiento del valor al que se dirige. Por ejemplo, cuando regalamos algo u ofrecemos algo a nuestros hijos estamos reconociendo que lo merecen y al mismo tiempo estamos expresando cuánto valor tienen para nosotros.<span class="Apple-converted-space"> </span></p>
<p class="p2">Como cristianos, la ofrenda adquiere un sentido aún más trascendente pues alude a la Eucaristía y a los dones del pan y del vino. En la liturgia, la ofrenda simboliza la entrega de uno mismo a Dios, en unión con el sacrificio que hizo Jesús para que nosotros accedamos a la verdad que implica ser hijos de Dios. Una verdad de la cual emerge con total claridad que todos somos hermanos.<span class="Apple-converted-space"> </span></p>
<p class="p2">Desde esta perspectiva ya podemos comprender a que se refiere el papa cuando dice que la migración es una ofrenda recíproca. Un “don” que surge del encuentro entre personas de orígenes, culturas y mentalidades diferentes y, que, por lo mismo, solo pueden ser fuentes de enriquecimiento para las comunidades y sociedades involucradas.<span class="Apple-converted-space"> </span></p>
<p class="p2">Recordemos que la migración humana ha sido y es, un fenómeno que ha gestado riqueza económica y cultural a lo largo de todos los siglos de la humanidad. Desde las migraciones prehistóricas, los humanos hemos recorrido por este mundo en busca de alimentos, refugio y oportunidades. A partir de la antigüedad y, sobre todo, a partir del siglo XV, la migración humana es la fuente de lo que llamamos civilización, pero al mismo tiempo, lamentablemente también ha sido el escenario de la soberbia y el egoísmo humano.<span class="Apple-converted-space"> </span></p>
<p class="p2">¿El problema es la migración?<span class="Apple-converted-space"> </span></p>
<p class="p2">El papa pone el dedo en la llaga cuando señala que la diversidad es un don y no un problema. En esta perspectiva, la migración no tiene por qué ser un problema. Sin embargo, hay que decir que estamos bombardeados por noticias totalmente contrarias. Las migraciones contemporáneas masivas y mixtas de los siglos XX y XXI en diversas regiones del mundo, evidentemente, no han sido asumidas como un don sino como un enorme problema lleno de conflictos irresolubles, disputas y debates. La migración está llena de historias de muros, candados legales, debates sobre tolerancia cultural, etc. Es decir, la migración se presenta como la fuente de muchos problemas.<span class="Apple-converted-space"> </span></p>
<p class="p2">Pero, si lo reflexionamos con detenimiento, el problema no es la migración, el verdadero problema son los conflictos armados, la pobreza, el cambio climático y el mundo inequitativo y de desigualdades extremas entre naciones ya sean económicas o geopolíticas. Lo que, a su vez, expresa el verdadero<span class="Apple-converted-space"> </span></p>
<p class="p2">problema de fondo: el corazón humano herido por el egoísmo, la codicia, el ánimo de superioridad y un individualismo tan exacerbado que incluso le ha llevado a negar a Dios.<span class="Apple-converted-space"> </span></p>
<p class="p2">Abordar la migración como un don y como una ofrenda recíproca es salir de ese pensamiento colectivo que desplaza el verdadero problema humano. La hibridación cultural, es decir la combinación de aspectos de la cultura de origen con la cultura de la sociedad receptora, no es un problema, es todo lo contrario, pues implica un enriquecimiento recíproco de las personas y de las naciones pues nace de la cooperación y del aprendizaje mutuo.<span class="Apple-converted-space"> </span></p>
<p class="p2">El problema no está en la migración, está en el corazón del ser humano que no comprende y no accede al valor de la reciprocidad y del reconocimiento de la dignidad compartida.<span class="Apple-converted-space"> </span></p>
<p class="p2">Todos tenemos que reflexionar sobre este tema y ahondar en ello. Todos somos migrantes y todos provenimos de la migración histórica humana. El verdadero patrimonio cultural de la humanidad es la diversidad que ello ha causado. Un tema que nos compromete aún más a los cristianos pues nuestra fe pone énfasis en la dignidad que todos compartimos como hijos de Dios y en la reciprocidad que de ello emerge.<span class="Apple-converted-space"> </span></p>
<p class="p2">Tengamos siempre presente que el encuentro humano es, como dice el papa Francisco, una ofrenda recíproca. Únicamente desde esta perspectiva se puede captar a la migración como un don de Dios y una fuente de reconocimiento recíproco de nuestra semejanza. La próxima vez que escuchemos que la migración es un problema, enfoquemos bien dónde está la verdadera raíz de esta situación.<span class="Apple-converted-space"> </span></p>								</div>
				</div>
				</div>
				</div>
		<p>La entrada <a href="https://cursos.elianacevallos.com/migracion/">Migración</a> se publicó primero en <a href="https://cursos.elianacevallos.com">Eliana Cevallos</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
					<wfw:commentRss>https://cursos.elianacevallos.com/migracion/feed/</wfw:commentRss>
			<slash:comments>0</slash:comments>
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Un Corazón Abierto al Mundo Entero</title>
		<link>https://cursos.elianacevallos.com/un-corazon-abierto-al-mundo-entero/</link>
					<comments>https://cursos.elianacevallos.com/un-corazon-abierto-al-mundo-entero/#respond</comments>
		
		<dc:creator><![CDATA[IntervaloAdmin]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 22 Apr 2024 02:49:33 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Mis artículos]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://cursos.elianacevallos.com/?p=660</guid>

					<description><![CDATA[<p>"Todos los seres humanos somos hermanos y hermanas, si no...</p>
<p>La entrada <a href="https://cursos.elianacevallos.com/un-corazon-abierto-al-mundo-entero/">Un Corazón Abierto al Mundo Entero</a> se publicó primero en <a href="https://cursos.elianacevallos.com">Eliana Cevallos</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[		<div data-elementor-type="wp-post" data-elementor-id="660" class="elementor elementor-660" data-elementor-post-type="post">
				<div data-particle_enable="false" data-particle-mobile-disabled="false" class="elementor-element elementor-element-4ae60b1 e-con-full e-flex e-con e-parent" data-id="4ae60b1" data-element_type="container">
				<div class="elementor-element elementor-element-e0366ec elementor-widget elementor-widget-text-editor" data-id="e0366ec" data-element_type="widget" data-widget_type="text-editor.default">
				<div class="elementor-widget-container">
									Publicado revista MCLE Zürich 								</div>
				</div>
				<div class="elementor-element elementor-element-4a5eafb elementor-widget elementor-widget-text-editor" data-id="4a5eafb" data-element_type="widget" data-widget_type="text-editor.default">
				<div class="elementor-widget-container">
									
<p class="p2">Con este título arranca el papa Francisco el capítulo cuarto de la encíclica Fratelli Tutti. Inicia este apartado con una frase por lo demás contundente “todos los seres humanos somos hermanos y hermanas, si no es sólo una abstracción, sino que toma carne y se vuelve concreta, nos plantea una serie de retos que nos descolocan, nos obligan a asumir nuevas perspectivas y a desarrollar nuevas reacciones”<span class="Apple-converted-space"> </span></p>
<p class="p2">De este modo, el papa subraya que el verdadero desafío del ser humano ante la fraternidad es comprometerse a permitir que esta noción revolucione nuestra mentalidad y nos emplace a un novísimo enfoque de la vida y de las relaciones humanas y sociales.<span class="Apple-converted-space"> </span></p>
<p class="p2">Pero ¿qué implica asumir este reto?<span class="Apple-converted-space"> </span></p>
<p class="p2">Quizá justamente este es el meollo de todo lo que plantea el papa en la encíclica que venimos analizando pues la fraternidad no puede quedarse como una lírica o una noción romantizada de nuestra existencia. La hermandad humana no es un asunto filosófico o de mera ideología, es una de las claves centrales de nuestra fe y, por tanto, tiene la potencia de ser transformadora por sí misma.<span class="Apple-converted-space"> </span></p>
<p class="p2">Para reflexionarlo, miremos algunas de esas claves. Empecemos por asumir que al aceptar que Dios es nuestro creador, estamos también asumiendo que somos sus criaturas y que, como tales, reconocemos la misma cualidad en todas las personas que nos rodean sin ninguna distinción.<span class="Apple-converted-space"> </span></p>
<p class="p2">De hecho, este es el fundamento de la dignidad y el valor inherente de todo ser humano desde la antropología cristiana. Sobre sus fundamentos se sostiene la ética y la noción de comunidad, así como el reconocimiento de que todos guardamos la posibilidad de relacionarnos con Dios y de acceder a sus atributos como al amor, a la creatividad, a su generatividad, a su orden, compasión y misericordia.<span class="Apple-converted-space"> </span></p>
<p class="p2">Adicionalmente, el reconocimiento de que todos somos hijos de Dios y creados a su imagen y semejanza nos aproxima al misterio de la revelación de Jesús como el rostro humano de Dios, como el puente entre lo visible y lo invisible. A tal efecto, recordemos algunas frases del evangelio que apuntan en esa dirección “A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer.» (Jn 1,18) o como la afirmación de Jesús cuando le dice a Felipe: «El que me ha visto a mí, ha visto al Padre» (Jn 14,9).<span class="Apple-converted-space"> </span></p>
<p class="p2">Todos los derivados de la visión cristiana surgen de esta revelación; es decir, no solamente surge la antropología cristiana, sino también todos los cimientos de comprensión sobre el por qué, el para qué y el cómo de la convivencia humana.<span class="Apple-converted-space"> </span></p>
<p class="p2">Como dice el papa Francisco, asumir esta verdad implica asumir varios desafíos, especialmente aquellos que nos confrontan con las prácticas culturales de nuestro tiempo como el individualismo, la competitividad, la exclusión y la división humana por cuestiones socioeconómicas o raciales.<span class="Apple-converted-space"> </span></p>
<p class="p2">En esta perspectiva, evidentemente que la fraternidad puede descolocarnos, retarnos y desafiarnos constantemente. Si aceptamos que el otro es nuestro hermano o hermana debemos vivir en consecuencia; es decir, comprometernos a actuar responsablemente ante el otro, ante e l próximo,<span class="Apple-converted-space"> </span></p>
<p class="p2">ante el lejano, ante el diferente, ante el que no nos gusta, nos resulta antipático o incluso, ante quién sentimos animadversión o consideramos nuestro enemigo.<span class="Apple-converted-space"> </span></p>
<p class="p2">Jesús es la voz y el ejemplo sólido de este desafío. La voz del Padre que no distingue entre buenos y malos y hace llover sobre justos e injustos. La encarnación de lo divino que expresa el amor sin restricciones, que perdona sin límites y no juzga ni se deja llevar por las apariencias, las nacionalidades o los prejuicios culturales.<span class="Apple-converted-space"> </span></p>
<p class="p2">Dado que el Creador habla a través de su criatura y dada nuestra fe, en nuestro caso, la fraternidad no puede ser un mero discurso, sino que debe «leerse y reconocerse» en nuestra vida cotidiana, debe expresarse en cada uno de nuestros actos y convertirse en un compromiso consciente de tal magnitud que incluso pueda ser una inspiración y por qué no, también un contagio colectivo.<span class="Apple-converted-space"> </span></p>
<p class="p2">Reflexionemos sobre ello con seriedad. Exploremos en nuestro interior si actuamos con prejuicios ante los demás. Observemos nuestras actitudes y comportamientos. Apliquemos cada día la máxima ética de estimar al otro tanto como quisiésemos que nos estimen a nosotros mismos.<span class="Apple-converted-space"> </span></p>
<p class="p2">Tener un corazón abierto al mundo entero si bien es un reto, también es una liberación.<span class="Apple-converted-space"> </span></p>								</div>
				</div>
				</div>
				</div>
		<p>La entrada <a href="https://cursos.elianacevallos.com/un-corazon-abierto-al-mundo-entero/">Un Corazón Abierto al Mundo Entero</a> se publicó primero en <a href="https://cursos.elianacevallos.com">Eliana Cevallos</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
					<wfw:commentRss>https://cursos.elianacevallos.com/un-corazon-abierto-al-mundo-entero/feed/</wfw:commentRss>
			<slash:comments>0</slash:comments>
		
		
			</item>
	</channel>
</rss>
